El presidente de la AFA regresó dentro del plazo fijado por la Justicia, que le había autorizado viajar al Mundial pese a estar procesado, sin prisión preventiva y con prohibición de salida del país, en una causa iniciada por la ARCA por presunta apropiación indebida de tributos y recursos de la seguridad social.
El regreso de Claudio «Chiqui» Tapia a la Argentina tras el Mundial marcará el fin del período en el que la atención estuvo concentrada en el desempeño de la Selección y el inicio de una nueva etapa para la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), atravesada por causas judiciales y desafíos institucionales.
Tapia arribará al país dentro del plazo establecido por la Justicia. El juez en lo Penal Económico Diego Amarante le había otorgado una autorización excepcional para viajar al Mundial con la condición de regresar antes del 21 de julio, ya que el dirigente se encuentra procesado, sin prisión preventiva y con prohibición de salida del país.
La investigación fue iniciada por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) por presunta asociación ilícita y apropiación indebida de tributos y recursos de la seguridad social. Según la causa, la AFA habría retenido impuestos y aportes previsionales que no fueron depositados dentro de los plazos legales por un monto cercano a los 20.000 millones de pesos. En el expediente también fueron procesados el tesorero Pablo Toviggino y otros directivos de la entidad.
La autorización para viajar estuvo condicionada al cumplimiento del plazo fijado por la resolución judicial, mientras continúan vigentes los embargos dispuestos por el magistrado y el avance del proceso.
Sin embargo, el expediente judicial es solo uno de los frentes que deberá afrontar Tapia. Con el Mundial ya finalizado, la conducción de la AFA volverá a enfrentar las tensiones con el Gobierno nacional, además de una agenda marcada por cuestiones económicas, institucionales y deportivas vinculadas al futuro del fútbol argentino.
De esta manera, el cierre de la competencia internacional también pone fin al paréntesis que había desplazado del centro de la escena los conflictos que rodean a la conducción de la AFA desde hace meses.







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