El girasol vive un momento de esplendor en la industria oleaginosa argentina. Durante los primeros cinco meses del año, la molienda de girasol alcanzó 2,3 millones de toneladas, posicionándose como el registro más alto desde el año 2000. Este desempeño marca un quiebre importante en el panorama productivo del sector.

En contraste, la soja transita una etapa de debilitamiento. La industrialización de esta oleaginosa registró el volumen más bajo en tres años, evidenciando una caída significativa en su procesamiento. Mientras el girasol gana terreno en las plantas procesadoras, la soja deja pendiente su recuperación.

Este cambio de tendencias refleja transformaciones en los patrones de producción y comercialización de las oleaginosas en el país. El girasol, históricamente relegado a un segundo plano en comparación con la soja, ha ganado relevancia en la agenda industrial agrícola.

Los números hablan de un reposicionamiento del mercado. Con casi 2,3 millones de toneladas procesadas en apenas cinco meses, el girasol demuestra que las condiciones actuales favorecen su expansión. Por su parte, la soja enfrenta un escenario desafiante que impacta directamente en su molienda y, por ende, en toda la cadena de valor vinculada.

Este comportamiento contrario entre ambas oleaginosas genera preguntas sobre los factores que respaldan el crecimiento del girasol y explican la retracción de la soja. La industria observa atentamente estos movimientos, sabiendo que las oleaginosas son pilares centrales de la economía agraria argentina y generan divisas clave para el país.

Imagen: UMUT DAĞLI / Pexels – Con informacion de Clarín Rural

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