La justicia pampeana confirmó nuevamente la condena de un hombre acusado de cometer abuso sexual contra su nieta, ratificando una pena de cinco años de prisión. El fallo del Tribunal de Impugnación refuerza una decisión anterior y pone el acento sobre cómo actúan las familias frente a estos delitos.

El expediente reveló una estrategia de control basada en incentivos económicos: el acusado ofrecía dinero a la menor para garantizar su silencio y la continuidad de los abusos. Este mecanismo de soborno mantuvo durante un período la invisibilización del delito.

La situación cambió cuando la niña reunió valor y decidió contar la verdad a su padre. Esta revelación fue el punto de quiebre que permitió que los hechos salieran a la luz y pudiera iniciarse el proceso legal. Sin embargo, el relato de la víctima no encontró consenso familiar: mientras el padre la acompañó, su madre respondió defendiendo al acusado e impugnando la credibilidad de su hija.

Esta polarización familiar tipifica un escenario común en delitos de abuso infantil. Existe un importante sector de víctimas que, tras denunciar, enfrentan no solo la justificación del agresor sino también la incredulidad o complicidad de otros familiares, lo que agrava el trauma vivido.

La ratificación de la condena constituye un acto de justicia que reconoce la verdad de la niña. No obstante, el caso alerta sobre la necesidad urgente de fortalecer mecanismos de prevención y contención, capacitando a familias para que cumplan genuinamente su rol protector.

Imagen: KATRIN BOLOVTSOVA / Pexels – Con informacion de Infopico

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